domingo, 16 de febrero de 2014

El cuerpo palpita

Cuando por estas venas corren aguas que antaño fueron drenadas a este cuerpo,
para sobrevivir en este, séase, cuerpo maldito.
Así se acoge el pesar de generaciones.
La naturalidad con que se comprende quien no quiso haber nacido.
Quien que si hubiese conocido este mundo habría repetido: democracia,
y el derecho a voluntad a no haber nacido, incluso antes de nacer...
El dolor, el día a día que desgarra la existencia,
que cuestiona y no encuentra respuesta, porque aunque haya indicios,
no se es franco del todo: Lo absurdo, la compañía del pensamiento existencial
Está también quien da sin dar,
y arriesga habiendo ya ganado.
Al final es la misma quien cae en la estafa: yo.
No hay remedio, y, sí, es lo que resta para tranquilizarse.
Pero la conformidad no es compatible cuando aún se siente.