sábado, 25 de enero de 2014

Lo que se necesita para encontrar las palabras.
Para transmitir, es lo mismo que abrir el pecho con las ansias de encontrar la llave que encaje en la cerradura del pecho del otro.
Encontrar, hallar esos filos perfectos que se hallan con el verdadero interés.
Entonces, hablamos de las palabras. Expresión. Sentimientos que se expresan con las correctas palabras.
Pero ahora, resulta que si las palabras son bellas, lo han de ser por un canon de belleza que la legitimen- ¿Pero, qué mierda? No se trataba de llegar al otro. pues vayamos al otro.
Ese que en mi contraste me forzará en buscar la palabras adecuadas para acercarnos. Y para que mi expresión sea también la suya, sino la que espera, aquella que le hacía falta.
Pero cuando el tiempo pasa y tienes el corazón cansado de salirse de sí y gritar. unos ojos cansados de alargar la vista de sí mismo. Porque si luego de tantas interpretaciones, ves que no hay respuestas.
Que las palabras se lanzan al vacío, no hay mucha diferencia entre estar vivo o estar muerto.

El acercamiento que incendia

Porque el camino desaparece con cada paso. Y si hubiera un persecutor, si lo hubiera. También me habría abandonado.
Porque es inútil escarbar. Recorrer en busca de motivo, no se trata de trovar motivos.
Si cuando la miseria aplasta, todo paso adelante da lo mismo que si es un paso atrás.
Pero a veces se presentan fantasmas que por sí mismos se han dibujado rostros.
Sí, rostros que luego se derriten. Y la iluminación del encuentro hace que se desvanezcan sus rostros.
Y ahí están, otra vez, como fantasmas. Es su naturaleza que continúen su paso. Ya han pasado. Se han presentado, y durante su paso tendrán que volver a dibujarse un rostro. Pues con cada presentación se les desvanece la esencia que no tienen.
Porque los encuentros se desarrollan como se desarrolla un incendio, devastando todo con lo que tiene contacto. Los encuentros se incendian si se busca un verdadero contacto.
No existe salvación, sólo perversión.
Los acercamientos sin contacto.
Los golpes, de los que se chocan unos a otros por equivocación.
Roces y caricias de espalda.
Incluso los abrazos de más de cinco segundos se repelen.

Solo intentos,

Pero las palabras no se las lleva el viento,
habitan en mi cabeza. Bailan, beben, y escupen en rincones de los cuales nunca saldrán.
Ensucian y se adhieren a las paredes de mi cabeza.
Y ahora soy yo las que las llama. ¡Hacerse presente!, grito.
No hace falta. Ahí están. Y lloro.
Son las palabras y frases que retumban en mi alma.
Mi alma que se va muriendo a su paso. Son esas palabras que se repiten y quedan.
Porque la superación es sólo un golpecito que nos damos en la espalda para seguir caminando sobre barro.

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Si hubieran palabras que alientan esas nunca se quedaron conmigo.
Son los ecos del vacío.
El aire vacila si moverse o no, ¿tiene sentido?
¡Qué estúpido!, me dije. Como si el movimiento tuviese alguna finalidad, algún sentido.
Entonces te sumerges. Son lazos rotos.
Las frases sueltas de personas con rostros.
Rostros que quisieras olvidar.
La luna se ha sumergido. Que, qué queda? Completa oscuridad.
Es ahora que el camino se emprende, en serio.
A tientas, porque nada es seguro si permanece, porque no permanece,
ni permanece, ni permanece, ni permanece, ni permanece...
Es en confusión como se presenta el horizonte.
No, espera, no! No, no, no hay horizonte. Porque tampoco hay luz.
Se trata de nuestro hogar: la completa desolación de la completa oscuridad.
"What's going on? I fall sleep. That's all"

domingo, 19 de enero de 2014

"Hoy quiero saborear mi dolor. No pido compasión, ni piedad"

Será que en enero se alinean los astros para situar acontecimientos especialmente desgraciados,
nunca se está suficientemente preparado para el dolor. De hecho se crece de afecciones.
Pero no se trata de una reflexión sobre el dolor de lo quiero escribir.

Es cuando en vez de pensar en la dialéctica de Hegel y la de Adorno y Horkheimer,
la tragedia de tu partida se suma al ya pantanoso lodazal de mi vida,
en la que aún trato de buscar tierra firme para reconstruirme una vida.
Y es en medio del fango donde buscaba aprehender tu amor,
pero cuando te permites tantas licencias, incluso las que pasan por encima de ti,
la reflexión es de lo más doloroso, pues una espera de tal tipo era solo paliativa.
Paliativa sólo porque con la esperanza te autoengañas pensando que lo que él necesita es tiempo para sí,
cuando sabes que más que tiempo para sí (pues todos necesitamos tiempo dedicado a nosotros mismos), aquello que no se ha emprendido ya, no se emprenderá. Pero no quería reconocerlo, y jugué con la esperanza.
Yo tenía intenciones de algo más poético, pero mi creatividad está bastante hasteada de buscar motivos para obligarme a estudiar y así luchar con mis ánimos de tirarme al vacío. Con lo que, pido disculpas y dejo este vídeo de un concierto que aprecio mucho, y es ahora que acompaña mejor que nada mi alma (en el fondo una infeliz de cantina)
Bloque depresivo- boleros de cantina
"Hoy quiero saborear mi dolor. No pido compasión, ni piedad"