Llega un momento donde las formas se evidencian tal cual: sin contenido.
Y su innecesariedad develan su sin sentido
Cuando esto pase, dar por seguro los vacíos es sólo el primer paso.
Si toda la superficie se demuestra como una compleja fachada
donde su único sentido está en la forma: la perdición está estipulada.
Bajo el lema "No hay fin" está " éste es tu final".
Bajo el canto inescrutable, está la inmensidad.
Y bajo ese rostro. Está tu perdición.
Si haz escuchado a un niño preguntar, teme,
pues sería mejor que te preguntes por que no te lo habías cuestionado tú antes.
Tu presencia está en juego.
Siempre lo estuvo y el momento de la conciencia puede ser el indicio de tu perdición.
Cuando no haya más palabras. Te queda el silbido.
¿Cómo sería el canto a la muerte?
Sería, ¿apoteósico?, ¿solemne?, ¿ridículo? O, ¿es que prefieres olvidarlo?
La presencia atrapa, y el momento puede sobrecogerte hasta las entrañas.
Pero nunca, nunca estarás lo suficientemente preparado.
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