domingo, 23 de marzo de 2014

La soberbia de las creencias

Quiero pensar que estas épocas harán de mi una persona más fuerte pero,
son más grietas, y una desconfianza, (¡oh, hombre!)
una desconfianza total de esas seguridades que quieren mostrar de sí mismos.
También es, y ridículo que es, la negación de todo aquello que aprendiste a amar.
El ser repelente. Y puede que no encuentre más seres abiertos.
Y, existe una apertura de sus corazones, llámese la verdad de sus sentimientos,
pero no serán capaces del verse todo expuestos. Y ahí odio.

O es que simplemente no sirve hacerse cargo de un todo del otro que quiere ser.
Siempre se puede ser más utilizado, claro, pues queda toda una vida que desgastar, y desgaste.
Para descubrir una arqueología del miedo basta con vivir.
Y por último, odio, ahora,  la seguridad del resto.
Por último, odio ser el ser que odio.

Me espera una larga vida y sólo con suerte una ridícula muerte vecina.
Y.
Ojalá eso último fuese mi último acto, donde las risas fueran la mía: la conciencia de lo lamentable.
Estética por excelencia. Lo lamentable de lo oculto de esta vida: los espejismos del miedo.
Seguramente no quiero amar y también me odio.

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