Pero las palabras no se las lleva el viento,
habitan en mi cabeza. Bailan, beben, y escupen en rincones de los cuales nunca saldrán.
Ensucian y se adhieren a las paredes de mi cabeza.
Y ahora soy yo las que las llama. ¡Hacerse presente!, grito.
No hace falta. Ahí están. Y lloro.
Son las palabras y frases que retumban en mi alma.
Mi alma que se va muriendo a su paso. Son esas palabras que se repiten y quedan.
Porque la superación es sólo un golpecito que nos damos en la espalda para seguir caminando sobre barro.
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Si hubieran palabras que alientan esas nunca se quedaron conmigo.
Son los ecos del vacío.
El aire vacila si moverse o no, ¿tiene sentido?
¡Qué estúpido!, me dije. Como si el movimiento tuviese alguna finalidad, algún sentido.
Entonces te sumerges. Son lazos rotos.
Las frases sueltas de personas con rostros.
Rostros que quisieras olvidar.
La luna se ha sumergido. Que, qué queda? Completa oscuridad.
Es ahora que el camino se emprende, en serio.
A tientas, porque nada es seguro si permanece, porque no permanece,
ni permanece, ni permanece, ni permanece, ni permanece...
Es en confusión como se presenta el horizonte.
No, espera, no! No, no, no hay horizonte. Porque tampoco hay luz.
Se trata de nuestro hogar: la completa desolación de la completa oscuridad.
"What's going on? I fall sleep. That's all"
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