Porque el camino desaparece con cada paso. Y si hubiera un persecutor, si lo hubiera. También me habría abandonado.
Porque es inútil escarbar. Recorrer en busca de motivo, no se trata de trovar motivos.
Si cuando la miseria aplasta, todo paso adelante da lo mismo que si es un paso atrás.
Pero a veces se presentan fantasmas que por sí mismos se han dibujado rostros.
Sí, rostros que luego se derriten. Y la iluminación del encuentro hace que se desvanezcan sus rostros.
Y ahí están, otra vez, como fantasmas. Es su naturaleza que continúen su paso. Ya han pasado. Se han presentado, y durante su paso tendrán que volver a dibujarse un rostro. Pues con cada presentación se les desvanece la esencia que no tienen.
Porque los encuentros se desarrollan como se desarrolla un incendio, devastando todo con lo que tiene contacto. Los encuentros se incendian si se busca un verdadero contacto.
No existe salvación, sólo perversión.
Los acercamientos sin contacto.
Los golpes, de los que se chocan unos a otros por equivocación.
Roces y caricias de espalda.
Incluso los abrazos de más de cinco segundos se repelen.
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